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Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

Alamar versus Paterson

septiembre 1, 2017 | | |

Irina Echarry

Del trailer oficial de Patterson.

HAVANA TIMES – Paterson, el personaje de la última película del realizador estadounidense Jim Jarmusch, hace todos los días lo mismo. Amanece al lado de su esposa, desayuna, sale a manejar durante horas un ómnibus urbano; luego vuelve a la casa, pasea al perro y entra al bar a beber una cerveza; termina la noche tiernamente junto a su esposa.  Así transcurren sus jornadas, unas tras otras.

Desde mi balcón veo cada día a los choferes de los ómnibus urbanos en que nos trasladamos en Alamar. Trabajan durante horas y horas. También deben tener parejas, incluso un perro en casa. Y sí, de seguro beben cada tarde al salir del trabajo. Cuántas similitudes y a la vez ¡qué diferentes de Paterson!

Paterson, la película*, es un punto de referencia a donde todos deberíamos mirar. Es un homenaje al médico y poeta estadounidense William Carlos Williams, y además, la confirmación de que en una vida rutinaria también puede florecer la creatividad. No solo la monotonía marca las jornadas de este chofer, sino los bajos ingresos que percibe.

Sin embargo, Paterson, el poeta de la cotidianidad, no bebe más de una cerveza nocturna, disfruta la lectura y escribe en el poco tiempo libre que le deja el timón. No tiene grandes pretensiones ni se cree superior porque hace versos. Nuestros choferes, como todos los trabajadores cubanos, perciben un salario que apenas satisface las necesidades de una semana del mes; a veces no sé si se emborrachan para olvidar la infelicidad que los corroe o porque son felices. Se emborrachan, eso sí, más de una vez a la semana. Actúan como si fueran los dueños de la cuadra y de cada uno de sus vecinos.

Foto: trabajadores.cu

Paterson habla bajito, mantiene un trato amoroso con su esposa y no se preocupa en  reafirmar su hombría en la casa ni en la guagua, ni siquiera en el bar donde los efluvios del alcohol podrían sacar los más ocultos instintos. Muy diferente de nuestros conductores, pues pareciera que la escuela cubana de choferes imparte una asignatura perenne llamada  “¿quién es el macho aquí?”. Para aprobar, ellos deben gritar, maltratar como se merece al pasajero y llevar lo aprendido a su vida personal que, generalmente, deja de ser privada cuando se ponen por primera vez el uniforme y se sientan frente a un timón.

El ómnibus de Paterson permanece limpio y casi vacío; en cambio, los nuestros, generalmente van sucios y repletos de gente. Paterson enriquece su día escuchando las historias de los pasajeros de esa comunidad de New Jersey que tiene su mismo nombre, ellos se convierten en motivo de inspiración.  Las conversaciones transcurren en un ómnibus silencioso que nos permite imaginar el mundo interior de algunos.

Aquí, en La Habana, son los choferes los protagonistas de la historia, quienes disponen qué música debes escuchar durante el viaje y a cuántos decibeles, quienes no respetan las paradas y discuten con cualquiera que los increpe.

En la peli, vemos a Paterson guardar en el ómnibus su libreta con poemas inéditos; aquí he visto a muchos choferes guardar un tubo, una cabilla o algo para defenderse “si la cosa se pone mala”. Cada uno escoge sus armas según las conveniencias, las opciones, los contextos, la cultura, el temperamento… y un montón de etcéteras.

Así de distintos y semejantes podemos ser los ciudadanos de este mundo. Lo que más nos aleja de Paterson es que la peli dura apenas dos horas y la cruda realidad de los choferes cubanos (y quienes los sufrimos) ya parece eterna.
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*La película tiene el mismo nombre que el protagonista y que la ciudad donde él vive.

 

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4 respuestas a “Alamar versus Paterson”

  1. kamikaze dice:

    Paterson maneja el ómnibus en la “yuma” y Mandarria en La Habana, Paterson es un tipo educado y Mandarria es un “asere”, Paterson sabe que maneja para una compañía (que son los dueños del ómnibus) y Mandarria se cree dueño del ómnibus; Paterson vive de su salario y Mandarria se echa al bolsillo cuanto peso cae en sus manos, en el ómnibus de Paterson monta una mayoría de personas decentes, mientras en el de Mandarria lo hace una minoría, Paterson da los buenos días a los que montan, Mandarria les grita: monta que te quedas!, mientras acelera y “sale echando”.

  2. El Lapón Libre dice:

    En fin, Kamikaze que has hecho el resumen perfecto sin dar tantas vueltas comparativas a una noria que gira a ninguna parte en la vida de dos constrastantes perdedores. El Paterson que, quizás, algún día decida romper su “poético” círculo vicioso en pos de su propio progreso y el de “Mandarria”, preso en lo que queda de su infame vida, entre lineamientos miserables y un futuro oscuro; del cual jamás verá la luz en la salida, pues ni tan siquiera se ha dado cuenta de que su guagua está atrapada en el túnel-paradero del mil veces prometido Socialismo “sostenible”.

  3. caridad dice:

    Aqui en Venezuela es más o menos como en Cuba. Hay muy poco transporte estatal, casi todo es privado y es un dolor montar en una camioneta. La mayoría ya está en muy mal estado, los precios varían a su antojo, la música tiene mucha más potencia que en Cuba, pq tienen mejores equipos, pero el mismo mal gusto o falta de noción de lo que es prestar un servicio público. Aquí en Barquisimeto la gente aplaude para avisar su parada. En Caracas meten gritos. A eso agregale los vendedores de todo tipo. Los limosneros y asaltantes.

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