Comentarios inconclusos sobre reggaetón y música alta

agosto 31, 2017 | Imprimir Imprimir

Por Pedro Campos

Ilustración: cabedeto24.wordpress.com

HAVANA TIMES — De moda se ha puesto en Cuba criticar el reggaetón, junto con la música alta y los bicitaxis que la propagan.

Parece un arroz con pollo, al que también le han agregado mango y guayaba. Sí, por aquello de ser un tipo de música, una forma de hacerla, que lo mismo sirve para  buenas que malas letras, que ponerla alta que baja o hacerla oír desde autos lujosos, que desde bicitaxis destartalados. Es como mezclar cosas que, aun cuando se relacionan, no tienen necesariamente que ver unas con otras.

No es raro que criticando un mal producto, algunos terminen desdiciendo de los instrumentos y maneras usados en su confección. Por eso sería bueno diferenciar las cosas y referirse no a tal tipo de música, sino a algunos productos de baja calidad, “fabricados” con algunos tipos y maneras de hacer música.

Las críticas vienen de todos lados, sin ton ni son y en todas direcciones sin detenerse a estudiar el fenómeno social en sus partes.

Hay quienes reprochan a los reguetoneros y raperos cubanos por hacer música sin saber música, sin haberla estudiado. No se dan cuenta de que las nuevas tecnologías han revolucionado todo, y en cierta forma facilitado todo, hasta las maneras de componer y hacer.

El  reggae, el reggaeton, como  el hip hop, el rap, la conga, la rumba, el guaguancó, la bachata, la bomba, el chachachá, y pudiera citar decenas de ritmos más típicos de la música caribeña y norteamericana, son verdaderas expresiones masivas de la cultura que tiene profundas raíces africanas y populares.

Particularmente en Cuba, en su comercialización aparece todo tipo de letras, pero hay que distinguir entre sus auténticos valores y las chabacanerías que se le pegan para tratar de hacerse valer en el mercado en busca de solventar la demanda vulgar, que existe aunque disguste.

Tampoco la música alta es algo nuevo en Cuba, ni solo es un fenómeno cubano, cuya generalización también viene asociada al desarrollo de las nuevas tecnologías y su abaratamiento. Pero es parte, también, de esa influencia de tambores y sonidos estridentes que nos llegaron de África y que han formado parte de todos esos nuestros sabrosos ritmos.

¿Quién no sabe que un bembé o un toque de santo o de violín se oyen a tres cuadras?

Y nada de esto es nuevo. En mis años de estudios secundarios, los sesenta, recuerdo cuando venía de regreso de las clases a la casa, a pie, recorriendo varios barrios santiagueros, empataba los sonidos de un traga níquel con otro, de los diferentes pequeños bares y bodegas que había en casi todas las esquinas, hasta que llegó la ofensiva (contra) revolucionaria del 68 que acabó con los pequeños negocios. Abundaban los boleros y la música de Orlando Contreras, Benny Moré, Rolando Laserie, Nat King Cole y otros.

Allí no se reunían bandidos, tampoco asistían funcionarios del Gobierno, ni doctores. Se juntaban trabajadores, jornaleros, aprendices, pequeños negociantes  a tomarse un vaso de cerveza y a oír sus canciones preferidas, todo por 20 centavos, luego de una larga jornada de trabajo,  antes de llegar a la casa.

También, en los campos se escuchaban los traganíqueles con música mexicana en varios kilómetros a la redonda, en las vallas de gallos, todos los fines de semana hasta entradas horas de las madrugadas.

En cuanto al tipo de vehículo, pues lo mismo en New York, que en Miami, Santo Domingo o La Habana, la gente pone la música alta en el medio de transporte que tenga. Las mismas canciones pueden oírse a todo volumen en un bicitaxi habanero que en un Mustang descapotable del último modelo en Miami manejado por  un afronorteamericano.

No es un fenómeno cubano.

Aparecen también ataques a los bicitaxis, por poner reggaetón y música alta, en momentos en que el Estado reaccionario, dizque socialista trata de eliminarlos, junto con los carretilleros y otras formas de trabajo autónomo, asumidas por gente pobre, la mayoría negra y mestiza.

En fin, que la sociedad cubana y su multicultura ha ido asimilando esas nuevas maneras de hacer música, influidas por las nuevas tecnologías, pero sustentadas en nuestras propias raíces musicales. Rechazarlas, sin asumir sus valores también ligados a la protesta social y a la defensa de los intereses de los desposeídos y la pobrecía, es hacerle el juego a la burocracia y a sus leyes enemigas de la libertad y amantes de mantener la pobreza compartida en el pueblo.

Llama la atención que mientras este ritmo es atacado en Cuba, en Miami la otra capital de los cubanos, una estación de radio, Cubatón y más, la 95.7 FM, se ha convertido en la más sólida columna en defensa de esta, en sus más bellas y cadenciosas canciones, que la burocracia y sus elites acólitas desprecian.



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4 respuestas a “Comentarios inconclusos sobre reggaetón y música alta”

  1. Tanya dice:

    Vivo frente a MAlecon y el regeatton no me deja dormir , ni las congas, ni los musicos ambulantes, ni la musica alta de los carros parqueados en fiestas espontaneas, y esto ocurre casi a diario. Tengo derecho al descanso y la paz dentro de mi casa. Aunque sea parte de la cultura la musica ALTA es un problema y una indisciplina. No podemos molestar a otros imponiendole nuestros gustos musicales. Ademas es de mala educacion, en la mayoria de los lugares que ponen un equipo a todo volumen, que nos obliguen a GRITAR para que nos escuchen. A veces ni en un restaurant, ni en un taxi podemos conversar de forma naturl, hay que literalmente GRITAR. Ademas de que es una contaminacion ambiental y trae problemas de salud. Salud Publica tiene normas contra esto que no se cumplen. Y hay leyes tambien que se violan. Y me encanta ESCUCHAR musica pero no se la pongo a todo el vecindario…

  2. Isidro dice:

    Jaja, Vaya Pedro, ahora abogado de los reguetoneros y la contaminación acústica…Ok, entonces ¡¡¡Kimba pa’ que suene!!!

    • kamikaze dice:

      Ajajajaj, defensor del reggeaton!. En el “año de la bomba” puede que se reunieran en los bares y bodegas gente horada en su mayoría, simples trabajadores a tomarse un “lager” y escuchar música alta en las vitrolas; ahora “plantan”, el equipo de música en cualquier parte (ómnibus, bicitaxi, la puerta de la casa, una ventana, es decir donde les sale a ellos de sus c…..) y en su mayoría son “pichones” de lo peorcito que se está cocinando en Cuba. Ah, cuando pongan la música ” a to´meter” con su chusmería y bajeza ya no me voy a encabronar, porque recordaré que el señor Pedro nos dijo que es parte de nuestro folklor y, además, expresión de rebeldía y protesta social de los “desposeídos” (parece que Campos no sabe que cualquiera de los pseudo cantantes de reggeaton tienne un “baro” que no lo brinca un chivo ); ajajajaj, mientras asimilamos esta “muela bizca” pues “kimba pa´que suene”

      • Isidro dice:

        En efecto, Kamikaze, siguiendo esta línea de pensamiento, ahora va a resultar que estas tribus de majaderos son una avanzada antisistema y, en consecuencia, hay que comérselos con papa…Y, por el contrario, todo ciudadano decente y con un poco de sentido común, es un asimilado…¡Aprestaste, Perucho!

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