Alberto, un cubano amante del tiempo

Agosto 7, 2017 | | |

by Ivett de las Mercedes

HAVANA TIMES — La relojería antigua es lo que le fascina a Alberto Santiago Núñez Sánchez (61 años) y la conoce muy bien. Vive en Río Hondo, en el municipio de San Cristóbal, provincia de Artemisa.

HT: Pienso que la relojería es un oficio de mucho detalle. ¿Cómo la estudió?

Alberto Santiago: Soy mecánico de relojes desde que tenía ocho años; lo aprendí solo. Me gusta el mecanismo del reloj despertador soviético, del de torres, los de péndulo y los de pulsera, aunque con estos me veo limitado por la vista. No tengo torno para trabajar los ejes y por eso lo hago a mano, es un trabajo muy difícil; también los ajusto, le elimino el desgaste a la maquinaria.

Alberto Santiago Nunez Sanchez

En el obispado de Pinar del Rio aún existe un reloj grande de pie, el obispo monseñor José Cidro Bacallao me lo dio para repararlo. La maquinaria estaba destruida, tampoco tenía los números. Lo dejé como nuevo.

En San Luis existe uno que no se sabe quién le ovaló la circunferencia. A ese le puse el rodamiento nuevo, al final funcionó. Conozco todo tipo de relojes: franceses, americanos, los Arsonias. Los digitales no me gustan mucho. Cuando comenzaron a vender en las tiendas los relojes digitales, muchas personas votaron para la calle los despertadores rusos, mis amigos me los traían en jabas y los reparaba.

Con la caída del campo socialista arreglaba los de cucú soviético, los relojes de música de cuarto de hora, pero con esos a veces me deprimo porque tengo la impresión que el tiempo transcurre muy rápido. La relojería es mi vida, la domino con los ojos cerrados.

HT: ¿Usted vive de los trabajos que realiza como relojero?

AS: Las personas sí me dan algo por lo que hago.  La Iglesia no me paga dinero, pero me da ropa, zapatos. También reparo ventiladores, batidoras. Tuve que jubilarme por enfermedad cuando trabajaba de medidor de registros de la electricidad, tenía que caminar demasiado. Tengo que operarme, los angiólogos se quedan boquiabiertos cuando ven mis varices, dicen que no saben cómo todavía camino. En las noches me dan muchos calambres y a penas puedo dormir, pero le doy gracias a Dios por estar vivo. He sido toda mi vida un trabajador ejemplar y muy cuidadoso con los bienes del Estado. Me mantengo con 158 pesos al mes y no me alcanza, pero con mis conocimientos de mecánica subsisto.

HT: ¿Le han dado reconocimientos por los relojes que ha arreglado?

AS: El cura de la iglesia católica del central José Martí en San Cristóbal me dio un diploma por mi contribución, también otros curas de diferentes municipios. Es que ya no abundan los reparadores de relojes grandes, de torres, ellos datan de 1720, son majestuosos, hay algunas fábricas en España y Holanda que los construyen.

HT: ¿Con quién usted vive?

AS: Vivo solo. Mi abuelo fue fundador de la finca y de toda la zona de Río Hondo. Era dueño de la finca La Vigía, donde combatió Antonio Maceo. Cuando triunfa la Revolución el Estado le confisca la finca a mi abuelo. La Vigía es pequeña pero histórica, dicen que se encontraron muchos cadáveres tanto de españoles como de cubanos sepultados. Y ahí paso mis días, arreglando relojes cada vez que puedo.

 

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2 respuestas a “Alberto, un cubano amante del tiempo”

  1. Julio dice:

    Muy interesante el trabajo de este señor, es una lastima que hayan tantos relojes antiguos sin funcionar en Cuba y que personas como Alberto pasen al olvido.

  2. kamikaze dice:

    Una cátedra el señor en materia de relojería, increíble que su trabajo no sea valorado y subsita con unos miserables 156.00 pesos. Deberían ponerle un taller con las herramientas adecuadas y algunos aprendices, amén de un salario digno; el día que fallezca se joderan los relojes antiguos.

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