Una trabajadora cubana y su soledad en un 4to piso

junio 14, 2017 | | |

By Ivett de las Mercedes

Alfreda con su hija.

HAVANA TIMES — Hace 10 años a Alfreda Alfonso Martínez (80) le detectaron diabetes mellitus, una enfermedad grave que tiene la característica de presentar concentraciones elevadas de glucosa en la sangre de manera persistente o crónica. Ella trabajaba en la peluquería de Candelaria; la jubilaron por peritaje médico.

HT: ¿Que síntomas tenía antes de saber que era diabética?

Alfreda Alfonso: Con frecuencia sentía debilidad, cansancio, muchos deseos de orinar, sed y apetito, todo se complicó  con la pérdida de visión transitoria. No quería ir al doctor, algunos me decían que eso era diabetes, pero no les hacía caso. A los seis meses decidieron jubilarme, tenía serios problemas circulatorios, ya no podía caminar. Un día me corté un pellejito del pie izquierdo con la pinza. La herida no era tan grande, sin embargo no sanaba, comencé a perder la sensibilidad del pie, el control muscular, hasta que hablaron con mi hija porque había que operar, no quedaba otra opción, le explicaron sobre el pie diabético isquémico y sus complicaciones.  Ese proceso fue rápido, en menos de 15 días ya habían amputado.

HT: ¿Algún especialista o sicólogo le comunicó que iban a amputarle el pie?

AA: No explicaron mucho, sí que era necesario porque tenía peligro para la vida. Cuando desperté en la cama del hospital ya estaba sin la pierna izquierda. Amputaron por encima de la rodilla, porque lo demás estaba sin circulación. Ya en la casa fui recuperándome. Ningún doctor viene a  conocer mi estado de salud, tengo un glucómetro, el azúcar a veces la tengo en diez. Trato de controlármela con los medicamentos, también tomo lo de los nervios, estoy muy descontrolada y deprimida.

HT: Entonces ningún especialista de la Salud viene a su casa. ¿Usted va entonces al policlínico a chequearse el azúcar?

AA: Vivo en el 4to piso de un edificio, es difícil salir de aquí, en varias ocasiones cuatro vecinos me han bajado en la silla de ruedas con mucho trabajo. Aquí no viene nadie y saben de mi salud, ya la otra pierna está sin circulación, apenas puedo moverla, por eso no admito una prótesis, no tengo fuerza para aguantar el peso, ni estabilidad.

HT: ¿Con quién vive? ¿Tiene a alguien que la cuide?

Hijo de Alfreda. Alexis Delgado Alfonzo

AA: Vivo con un hijo de 60 años que trabaja lejos, viene pocas veces. Una de mis hijas lo hace todo en la casa, incluyendo mis necesidades, desde el baño hasta vestirme. Tengo un hijo que hace 23 años se fue de Cuba. Hablábamos por teléfono con frecuencia, me traían el inalámbrico, pero desde que la vecina cambió el número del teléfono no nos hemos comunicado nunca más.

Me ayudaba mucho escucharlo, me hacía feliz; él mandaba una remesa mensual, así pude comprar ventilador, televisor, muebles. Él se llama Alexis Delgado Alfonso, tiene 48 años, vivía en Arizona. Eso fue uno de los motivos por los que comencé a sentirme mal: el silencio, el no saber cómo está. Muchas veces he pensando lo peor, no puedo seguir viviendo con esos pensamientos. En las noches mi hija se marcha, vive en otra casa con su esposo y mi nieta. Todo lo deja preparado, el agua, los medicamentos. Para no perder la movilidad de las manos las ejercito dando vueltas en el sillón de ruedas por la sala.

HT: ¿La Dirección Municipal de Vivienda sabe de su situación? ¿Le ha ofertado algún local o espacio?

AA: Sí, claro, me han ofrecido varios locales, pero en muy malas condiciones, sin ventanas ni puertas, no tengo cómo repararlos, mi chequera es de tan solo 158 pesos y de ahí tengo que pagar el refrigerador; no alcanza para nada. Gracias que existe un comedor para los ancianos y casos sociales, que hay que pagar y la mayoría de las veces la comida no hay quien se la coma, pero es algo. El sillón de ruedas me lo entregó la asistente social que trabaja en el policlínico, está en buenas condiciones, lo cuido mucho. No pierdo las esperanzas de permutar para otra casa acorde a mi condición.

No quiero confusión, yo amo la Revolución, fui una trabajadora ejemplar, recuerdo con agrado a todos los clientes que atendía, muchas me mandan saludos con mi hija cuando la ven en el barrio. Nadie se imagina cómo sufro estar aquí arriba y no poder conversar con las personas que conozco, eso también hace mucha falta.

 

Imprimir Imprimir |


Haz un comentario

2 respuestas a “Una trabajadora cubana y su soledad en un 4to piso”

  1. buena entrevista, emuy oportuna para una investigacion que hice en la capital sobre la diabetes, calidad de vida y garantias para ese sector de la sociedad cubana, que dicho sea de paso, es cada momento mayor y seguirá asi.
    saludos y esperen mi reportaje al respecto.

  2. Lia dice:

    La diabetes es una de las enfermedades que esta atacando al mundo, cada vez existen mas casos. La historia de esta señora me ha tocado bien profundo porque conozco a muchas personas diabeticas y se van destruyendo poco a poco. Se que su hijo va a aparecer en cualquier momento. Buen trabajo.

Escriba una respuesta