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Ariel Glaría Enriquez: Nací en la Habana Cuba en el año 1969. Soy orgulloso portador de un concepto en peligro de extinción: habanero. No conozco otra ciudad, por eso la vida en ella, sus costumbres, dichas y dolor son el mayor motivo por el que escribo. Estudie la especialidad de Dibujo Mecánico, pero trabajo como restaurador. Sueño una habana con el esplendor y la importancia que tuvo.

De una vieja canción la amistad y la confianza

mayo 18, 2017 | | |

Ariel Glaria Enríquez           

HAVANA TIMES – Al despedirnos me dejó una marca de creyón a un lado de la cara. Una hora antes, no hice más que asomarme al bar ya estaba frente a mí. Sorprendido le expliqué que solo huía de la lluvia.

Su cara se iluminó con una sonrisa. Me hizo sentar en una mesa y pidió para mí la cerveza más cara y fría. Insistí en que solo estaba allí por la lluvia. “No te muevas de aquí, enseguida vuelvo”, dijo desde la altura de sus tacones sin apagar la sonrisa.

La seguí con la vista hasta que ocupó su lugar detrás del micrófono, en un extremo del salón.

Llevaba un vestido corto de color magenta, escote bajo y tan ajustado en las caderas y los muslos que la hacían caminar como una geisha. Lo que no le impedía moverse con agilidad entre las mesas.

Resignado a que se trataba de un error, que al final resolvería con mi inocencia, bebí el primer trago de cerveza.  Eran las cinco de la tarde. En la calle la gente corría, sobre La Habana llovía a cántaros.

La pausa en la música propició un creciente bullicio en el bar, interrumpido solo por el ruido de la lluvia  que invadía el salón al abrirse y cerrar la puerta.

Acompañada del piano ella comenzó a cantar. La algarabía disminuyó con los primeros versos de la canción. Cerca de mi mesa, un grupo de turistas chinos parecían no estar enterados de nada y siguieron chupando sopa como si estuvieran en la sala de su casa. De otras mesas escuché voces y aplausos.

Era una vieja canción de Armando Manzanero, conocida en el mundo entero menos en China, pensé. También era la canción preferida de Alberto, el mejor y tal vez único amigo que tuve en el servicio militar. De pronto todo tuvo sentido.

Cuando terminó de cantar se sentó en mi mesa. Un cantante con maracas la sustituyó detrás del micrófono.

“Escuché que dijeron Natalie”. Fue lo primero que dije.

“Sí, soy yo”, dijo tendiendo su mano por encima de la mesa apretando con fuerza mi brazo. “Me da mucha alegría verte. ¿Cómo estás?”

YO: ¿Cómo me reconociste tan rápido?

ELLA: Por el cristal te vi cruzar la calle y apliqué la ley de la atracción para hacerte entrar.

YO: ¿También tú crees en eso?, dije sonriendo.

ELLA: En eso y muchas cosas más. No imaginas cómo me ha ayudado ser quien soy ahora.

YO: También me da mucha alegría verte y que estés orgulloso de ti mismo ¿o debo decir orgullosa?

ELLA: Como te dé la gana. Pero me alaga que me digan Natalie.

YO: Para mí es un gusto y ahora que hablamos de eso, ¿esas tetas son de quita y pon o permanentes?

ELLA: Son mías –dijo soltando una carcajada- y no se quitan. ¿Qué te parecen?

YO: Estás echando humo.

ELLA: Me da alegría que me lo digas.

El grupo puso a bailar hasta los chinos. Natalie pidió otra cerveza para mí y un mojito para ella. Luego de brindar señaló:

“¿Tú siempre lo supiste, verdad?”

YO: Por supuesto, y nunca me importó. Pero no pensé que te fuera a dar tan fuerte.

Reímos. Ella volvió a cogerme del brazo. “Eres un tesoro”, dijo.

YO: Y tú una de las mejores personas que conozco y más quiero. Respondí poniendo mi mano sobre la suya.

Me dio su tarjeta y volvimos a brindar. Luego salimos a la calle. Ya no llovía. En la acera nos despedimos con un abrazo y un beso, y eso fue todo. Mi esposa tomó la tarjeta: “Esta perfumada”, dijo casi con ternura.

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4 respuestas a “De una vieja canción la amistad y la confianza”

  1. Isidro dice:

    Las vueltas que da la vida! ….”halagar”…

  2. Armando Perez dice:

    Bonito post.

  3. No soy dada a caer victima del melodrama pero tu post me aguo los ojos. Soy transexual.

    Gracias por compartir tan bella anecdota.

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