Excursión al muy apacible pueblo de Viñales

Mayo 10, 2017 | | |

El Valle de Viñales desde el Canopy Club

Vicente Morín Aguado

HAVANA TIMES — Patrimonio de la Humanidad, Viñales y su hermoso valle intramontano se localizan a unos 200 kilómetros al oeste de la ciudad de La Habana.

Considerando los escasos 10 mil habitantes de la cabecera municipal, la incidencia turística es muy elevada para Cuba, al existir más de dos mil 500 habitaciones familiares habilitadas para la renta. Una opinión generalizada de los visitantes es que se trata de un lugar en extremo tranquilo.

Constantino, italiano de 50 años, comenta que “para mí es demasiada calma, anoche en la discoteca no era posible encontrar mujeres cubanas para bailar.” Un matrimonio belga, venido desde Amberes, ratifica lo dicho anteriormente: “Si comparas esto con La Habana, estamos en la calma total, la gente amable, ningún problema en la calle.”

Como cualquier pueblo de provincia, la estructura urbana se compone de una sola calle principal, la más larga, aquí llamada Salvador Cisneros, en honor a uno de los presidentes de la República en Armas durante la guerra de independencia. Casi todos los comercios se ubican en esa avenida que exhibe el fruto de las reformas gubernamentales, en tres cuadras bajando desde el parque, el cronista contó 25 restaurantes, todos de administración privada.

Calle Salvador Cisneros

La ausencia de los jineteros y las jineteras es evidente, todo está organizado en Viñales y nadie parece salirse del puesto asignado, es decir, el espacio que le es dable ocupar. Esta rara calma social, tratándose de Cuba, motivó algunas preguntas junto a ciertas observaciones:

Yuslaydis, señora que renta dos habitaciones independientes en la calle Rafael Trejo: “Aquí las chicas se casan temprano, muchas con extranjeros, no tienen razón para irse a cazar extranjeros a la discoteca, además, la Policía es muy estricta y el pueblo pequeño, cualquiera que saque el pié se da a conocer de inmediato.”

Sin embargo, Constantino aporta una observación interesante, corroborada por quien escribe: “En el salón sí habían cubanos, muchos jóvenes, pero todos eran varones y acaparaban a las muchas jóvenes extranjeras presentes, figúrense, los cubanos son expertos bailadores.”

Parque de Viñales

¿Solapada discriminación de género? Bien que lo parece, porque las autoridades no se molestan tratándose del sexo masculino; de paso, un cantinero comenta: “Si no hay cubanos no hay fiesta, ¿con quién bailarían los turistas?, entre ellos mismos hay algunas parejas, pero la mayoría vienen solos”—solas, rectifico por el género—, y el dependiente continúa: “Es por eso que se necesitan los muchachos para formar el baile, entonces ellos—los foráneos— consumen.”

Destaca la calidad de los grupos artísticos como la banda de salsa Corazón Mantuano o el conjunto Mezclarte, lamentablemente lejos de los circuitos nacionales de difusión. La Comida excelente, los precios en la media que oferta el Estado en sus hoteles, pero con un servicio superior, del cual es ejemplo la taberna Cubar, frente a la iglesia que en estos pueblos señala el parque central.

Casa de Cura del Tabaco

Un detalle limitante fueron el camarón y la langosta, casi imposibles de encontrar, solamente uno de alrededor de 30 restaurantes visitados ofrecía esos mariscos. En las casas suelen cocinarle a los turistas, pero Yuslaydis fue enfática al explicar: “No voy a perderlo todo, la vivienda, mi inversión, por el riesgo de un plato de langostas, me conviene, pero los inspectores están dando mucho látigo con el asunto.”

Pero Viñales es mucho más que música y comidas, la extensa área del valle ofrece la cueva del Palenque, museo natural ambientado que nos permite conocer la rebeldía de los negros cimarrones, escapados de sus amos. La cueva del Indio,  cuyo río subterráneo puede recorrerse en botes. Vegas de tabaco abiertas al visitante ávido de conocer detalles sobre el cultivo de esa planta aborigen cubana. Prácticas de Canopy, además de un atractivo diverso y omnipresente, El Paisaje.

Constantino en el Cubar

Todas las historias han de contar con principio y fin, el turismo en este espacio singular también lo tiene, al menos, si de la estancia se trata. La experiencia de los rentistas es que las visitas suelen oscilar entre 1-3 noches, pero casi nunca están desocupados. La compañía estatal Viazul ofrece dos salidas diarias desde La Habana, complementándose con los taxis, y buses de excursiones, además de conexiones directas desde el lugar hacia otras ciudades cubanas.

Aunque los auténticos amantes de la naturaleza encuentran aquí un maravilloso refugio, nunca debemos olvidar que nosotros, seres humanos, somos naturaleza también, en la Cuba de hoy la apacible quietud de Viñales con sus bien escondidas maneras discriminatorias es harto elocuente.

Vicente Morín Aguado: ememultiplicada@nauta.cu

 

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