Lo vernáculo es una filosofía de vida

marzo 30, 2016 | Imprimir Imprimir

Por Maya Quiroga

Daniel Taboada. Foto: www.habanaradio.cu

Daniel Taboada. Foto: habanaradio.cu

HAVANA TIMES — Como un profeta de la restauración y apóstol del patrimonio calificó el doctor  Félix Julio Alfonso López, rector del Colegio Universitario de San Jerónimo, de La Habana, al arquitecto Daniel Taboada Espiniella, Premio Nacional de Patrimonio Cultural por la Obra de la Vida 2015, un hombre que fue discípulo de Joaquín Weiss y Sánchez (1930-1962).

Es que Taboada es un brillante profesional de la arquitectura, profesor de varias generaciones, quien que ha dedicado su vida a la conservación y restauración del patrimonio edificado de la capital cubana de y otras ciudades como Matanzas y Cienfuegos.

En La Habana ha laborado en la rehabilitación de inmuebles, como la casa del conde Barreto, la de los condes de la Reunión, el Palacio de Aldama, la Casa de la Obra Pía y los conventos de San Francisco de Asís y el de Santa Clara.

Hace unos 15 años es el director titular de la Cátedra Gonzalo de Cárdenas, pionera en Cuba en el estudio, salvaguarda y rescate de la arquitectura vernácula, que recientemente celebró sus XIII Jornadas Técnicas dedicadas al quinto centenario de la fundación de la Villa de San Juan de los Remedios.

Museo. Foto: www.cnpc.cult.cu

Museo. Foto: cnpc.cult.cu

“Soy un hombre que ama el patrimonio. Un día, el doctor Eusebio Leal Spengler y el doctor Javier de Cárdenas, marqués de Prado Ameno y presidente del patronato de la Fundación Cárdenas, con sede en la Universidad Politécnica de Madrid, me dieron la oportunidad de trabajar en la organización de estas Jornadas Técnicas de Arquitectura Vernácula que se desarrollan con carácter anual.

“Este evento cuenta, además, con el auspicio de la Fundación Diego de Sagredo, de España, la Empresa de Proyectos de Arquitectura y Urbanismo RESTAURA, la Oficina del Historiador de La Habana y la Agencia de Viajes San Cristóbal  que nos han ayudado todos estos años”, explica Taboada.

HT: ¿Cuánto de lo que se trazó la cátedra en sus inicios se ha cumplido?

Daniel Taboada Espiniella: Modestamente, creo que por primera vez se reúnen profesionales todos los años para tratar ese fenómeno de la arquitectura vernácula, que es como una hija fuera del matrimonio. Hasta ahora siempre ha sido considerada como una arquitectura menor.

Para mí es una arquitectura mayor, porque es la que trata sobre la identidad nacional, sobre el por qué somos cubanos, acerca de nuestro patrimonio y nuestra idiosincrasia. La identidad no la conforman las grandes ciudades, totalmente cosmopolitas, hechas por ingenieros o arquitectos que nos creemos que lo sabemos todo. Que conste, no estoy negando la arquitectura contemporánea, por el contrario.

Foto: www.ohch.cu

Foto: ohch.cu

Cuando uno visita un pueblo, lugares maravillosos como el valle de Viñales en Pinar del Río, y ve las costumbres, se da cuenta de que el lechón asado sigue siendo nuestro plato preferido y que sus pobladores saben cómo guardar los frijoles negros para todo el año.

La tradición oral está plasmada perfectamente en la arquitectura vernácula, que es el contenedor de todas esas actividades. Esta es una manera de vivir, de cantar, sentarse, accionar, de festejar, de construir. Es una filosofía de vida.

¿Puede ser vernáculo, puede ser popular? ¿Es mal gusto o es kitsch? Reflexionemos, porque estamos ruralizando nuestra ciudad que nunca fue caribeña. Esos ranchones que se han insertado en la ciudad son para un paseo de fin de semana o para ir a un baile de carnaval. Debemos defender y salvar la autenticidad. Estamos ahora, más que nunca, en peligro de perderla por las influencias extranjeras.

HT: ¿Cuál ha sido la contribución de ese evento a nuestro país?

DT: Las jornadas técnicas han tratado de contribuir a nivel nacional a que se conozca mejor la arquitectura vernácula cubana. Esa es una de las razones de ser de este evento que organiza la Cátedra Gonzalo de Cárdenas cada año.

Ese patrimonio arquitectónico no está suficientemente difundido y los medios de comunicación deben ayudarnos más en esa tarea. Es algo muy importante. La comunicación tiene que ser inteligente y saber hacia dónde vamos.

HT: Si tuviera que definir la arquitectura vernácula cubana, ¿cuál sería su sello distintivo?

DT: La autenticidad de los materiales. Son propios de los alrededores. No hay que traer nada importado. En Cuba hay muchas y muy diferentes tipologías que pueden ir  desde el varentierra -construido con techos de hojas de palma- hasta otros tipos de casas de muchos poblados de campo a lo largo de toda la Isla.

Premio nacional. Foto: www.habanaradio.cu

Premio nacional. Foto: www.habanaradio.cu

Muchas casas están sufriendo grandes transformaciones estructurales por el problema de la carestía de la madera en todo el mundo. Hoy la madera es más cara que el petróleo. Sin embargo, la que utiliza el campesino cubano es la palma real y las cubiertas, en su mayoría, son de palma cana, que crece en los peores terrenos, pero es la mejor para las cobijas.

HT: Usted ha dicho una frase inolvidable: esencias y no presencia 

DT: Correcto. Hay que ir a buscar el concepto, porque ahora algunos se creen que con poner una entradita con tejas ya estamos haciendo arquitectura vernácula. Eso no es esencia, es una imitación, copia barata, basada en criterios como que le gusta al cliente, supuestamente también al turista, al desinformado. El ignorante no tiene la culpa de serlo. Es que no hemos podido transmitirle  nuestros conocimientos.

HT: ¿Se estudia esa arquitectura en la universidad cubana?    

DT: Claro. Hemos logrado que se estudie. La doctora Ángela Rojas es profesora de la Facultad de Arquitectura. También es profesora de la facultad la doctora arquitecta Gina Rey, Premio a la Vida y Obra de Arquitectura 2015.

Gina acaba de publicar, bajo el sello Ediciones Boloña, el libro Las construcciones cuentan su historia. Ciudades, pueblos y caceríos en Cuba,  que escribió a cuatro manos con el historiador de la construcción, Don Juan de las Cuevas Toraya (La Habana, 1933-2013). En su texto ella define muy bien ese tránsito que se produjo de fundación a población, a asentamiento, a villa, a ciudad.

HT: ¿Qué significación tiene para usted este Premio Nacional de Patrimonio Cultural por la Obra de la Vida 2015 que acaba de recibir?

DT: Este premio no es solo para mí. Se lo dedico a toda mi generación, en especial al desaparecido doctor arquitecto Mario Coyula, quien me precedió en este lauro, y a tantos especialistas que nunca los han entrevistado ni han salido por la televisión y se lo merecen tanto como yo. El mérito no es mío. Soy solo un trabajador más de la cultura.



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