Cojeando hasta el éxito

noviembre 7, 2010 | Imprimir Imprimir

Yusimí Rodríguez

Alfredo en su bicicleta. Foto: Bernardo Acosta

HAVANA TIMES, 7 nov.  — Mercedes Aguirre me habló de él cuando supo que yo estaba “cazando” personajes interesantes para entrevistar.   Me lo describió como un peluquero al que le falta una pierna y vive en un pequeño cuarto con barbacoa del municipio Centro Habana, en altos.

Supuse que la historia que les contaría a los lectores sería bastante deprimente, pero de todas formas decidí ir a conocerlo hace un par de semanas.

El hombre no estaba en su casa y eso me extrañó muchísimo después de contar los escalones que hay que subir hasta su casa y saber que es impedido físico.  “No te asombres, él anda La Habana en bicicleta,” me dijo Mercedes por teléfono cuando le conté que mi primera visita había quedado frustrada.

En ese momento supe que ni yo ni los lectores íbamos a sufrir con la historia de este hombre que para mi sorpresa, ya yo había conocido quince años antes, y que ha sido modelo, diseñador, dulcero, y en este momento un peluquero que ha logrado un producto novedoso para el cabello.

A diferencia de otros entrevistados, Alfredo es una persona que te cuenta su historia casi sin necesidad de que le hagas preguntas.

“Soy Alfredo Nuñez Elías.  Nací el 26 de enero de 1960, por tanto tengo cincuenta años.

En mi niñez siempre tuve tendencias a carpintear, serruchar; después a coser, y esto de los dulces que me llegó a través de mi madre de crianza, alguien a quién le debo una buena parte del talento que hoy pretendo, a mis cincuenta años, hacerlo fructífero, para mi país y si es posible para buena parte del mundo.

Alfredo aplicando su producto. Foto: Bernardo Acosta

Siempre trataba de lograr las cosas a la perfección cuando hacía una carriola o una chivichana, como correspondía a una niñez pobre, pero con mucha dignidad.  Se nos inculcó el estudio como algo muy fundamental; esto era en los años sesenta, cuando estudiar era muy importante para cualquier persona de familia humilde.

Ya en los años ochenta me decidí a coser definitivamente, para demostrarme que aún siendo humilde podía vestirme y calzarme bien, y para que las personas vieran que no solo era necesario comprarse una ropa de marca, Dior, por ejemplo, que sí, es muy bonita, muy glamorosa, pero con talento esas cosas podían ser reveladas desde la humildad, y así me hice un sastre redomado, buscando siempre la perfección de las curvas, de los cortes, del diseño.

Esto me llevó a presentar mis diseños.   En los años 80 se estilaba mucho esto del diseñador desconocido, empírico.  Creo que nosotros los cubanos siempre estamos tratando de demostrar algo y yo quise ver hasta dónde podía llegar, y así hice mi primer desfile de modas en el año 86, en la peña del cantante Héctor López.  Fue impactante todo esto de los desfiles, las modelos tras bambalinas, los cambios de ropa, y así me dejé imbuir y empecé a hacer desfiles de modas.

HT: Sin embargo ayer me dijiste que fuiste modelo, que te descubrió la famosa modelo Norka Méndez.   ¿Puedes hablarme de esa época?

Alfredo Nuñez Elías: Sí, realmente Norka es alguien a quién yo admiro mucho.  Fue en el año 1981 que yo me acerqué a dónde radicaba una revista,  se hacían convocatorias para modelos y se llevaban a cabo estudios para tratar de mantener la cultura del vestir.  Allí conocí a Norka y ella se quedó impresionada porque no tenía a ningún muchacho con mi tipo de piel en su grupo.

Ella nos comenzó a preparar y fue muy interesante; nos explicaba en su casa como debían ser los modelos, las actitudes que debían tener.   Eso me enseñó que para lanzarse a las pasarelas no es suficiente tener una bella imagen, sino también un bello espíritu, eso era lo que enseñaba Norka.

Pero yo obvié algo que debí decir desde el principio: nací con una malformación congénita circulatoria, el Síndrome de Clipper Trinaunau, y a los diez años, en los setenta, comencé a padecer estas úlceras varicosas, inflamación en la pierna, promontorios de venas, y todo esto se fue complicando con mi andar en la vida, aunque eso nunca me amedrentó.

En el año 76 me dijeron que podía llegar a la amputación si no me cuidaba la pierna, así es que cuando conocí a Norka ya yo traía esta malformación, pero a ella no le interesó, se centró en la imagen y en lo espiritual, y trató de lograr lo que forma a un modelo integral.

Alfredo bajando la escalera de su apartamento. Foto: Bernardo Acosta

De todas formas, yo sabía que no iba a dar mucho como modelo así es que usé mis posibilidades de diseñador para poder seguir en este mundo de la moda que tanto me gustó.  A los veintiséis años me decidí y fue cuando empecé a diseñar y coser mis propios diseños.  Me dediqué a esto de la costura con mucho amor, y mis primeros desfiles fueron muy lindos porque recibía el aplauso de las personas, el respeto y todas estas cosas que le dan fuerzas a uno para seguir.

HT: Recuerdo que yo te conocí en el 95, en el evento del Diseñador Desconocido, en el Pabellón Cuba, ya para entonces habías perdido tu pierna.

Alfredo Nuñez Elías: En ese momento hacía dos años que me habían amputado la pierna, o sea en el año 1993, en pleno periodo especial, cuando empezaron a agravarse tanto las cosas en nuestro país, y los medicamentos escaseaban y las cosas eran muy difíciles.  Siempre debo recalcar que mi vida era muy humilde.   Mi pierna sufrió una merma total, hasta el punto de anunciárseme una gangrena en un dedo del pie y eso era muy peligroso porque podía llegar a una gangrena gaseosa y matarme.

Cuando me amputaron la pierna, pensé que se acababa todo, habiendo vivido en este glamour de la moda, era terrible que me faltara una pierna.   A mucha gente le costaba trabajo saludarme, viraban el rostro, quizás por el miedo de herir mi vanidad de modelo, y lo que no sabían era que yo estaba preparado para eso, porque mi vida no dependía de esa pierna, si no de las posibilidades de crear, y esas están intactas en mi mente, en mis manos y en mi corazón, y son las que me construyen un día más y me hacen aspirar y soñar, soñar todos los días de este mundo.

Pero tuve que buscar estrategias para seguir, y no me fue fácil.   Entonces yo no tenía ni muletas, tuve que hacerme de una muleta maltrecha y un bastón, con eso iba cojeando aquellos primeros días hasta la calle Infanta, para ahí coger una guagua hasta el hospital La Cobadonga.   Me habían advertido que ya no sería igual, que habría muchos contratiempos que tendría que superar.

Yo no lo creí, pero realmente es terrible subirse en una guagua, y aunque hay asientos para impedidos físicos, había personas que no querían darle el asiento ni a impedido físico ni a nadie.  Te decían: “yo también soy impedido físico.”  Fue muy duro, era la primera vez que cogía la guagua como impedido físico y se me negó el asiento, aquello me sacó las lágrimas, pero me hizo más fuerte, porque sentí que tenía que arrancarle a la vida voluntad para llegar a mi destino a quitarme los puntos que todavía me quedaban de la operación, y regresar.

A mí me parecía que más nunca podría hacer un desfile de modas, pero un día me senté frente a la máquina de coser y me dije: “si yo sé hacer tantas cosas por qué no las sigo haciendo.”

Comencé a ver revistas que tenía en aquel momento y empecé a hacer vestidos, hice una colección de doce vestidos fabulosos y me asocié a la casa de cultura de Centro Habana para convocar modelos que pudieran llevar mis ropas.  Aparecieron muchas modelos que yo había tenido en el 86, cuando se enteraron de que yo volvía a renovar mis votos de diseñador, y otra vez empecé a hacer desfiles de modas en lugares como La Marina Hemingway, las Playas del Este, Hoteles de Miramar, así hasta el año 95 cuando tú y yo coincidimos en el Pabellón Cuba, en el Diseñador Desconocido.

Traté de extenderlo hasta los Havanamodas, pero realmente no me dio hasta ahí.  Recuerda que siempre he tenido esta vida modesta como algo que no me ha permitido dar el gran salto a un poco más”

HT: ¿Te faltaban recursos, entonces?

Alfredo Nuñez Elías: Evidentemente.  Recuerda que los noventa fueron los años más críticos que pasamos y yo, además de la secuela de la amputación, ya no podía dedicarme a confeccionar como algo de lo que yo dependía económicamente para dedicarme a los desfiles de moda.  Fue una época en la que pasé trabajos de todo tipo, de hecho yo perdí mi pierna porque pasé hambre.  He tenido que guardar esa parte de mi vida para otro momento.

Alfredo subiendo a su apartamento. Foto: Bernardo Acosta

Ahí fue donde definitivamente tuve que buscar otros recursos.   Ya desde los nueve o diez años yo hacía cortes de cabello a mi padre, a otras personas, tanto a hombres como a mujeres.   Entre los 16 y los 25 me relacioné con personas que hacían desriz y siempre me preocupó mucho como se transformaba el cabello crespo, rebelde e indomable de la piel negra en un cabello más peinable, moldeable, brillante.  Para finales del año 95 me decidí a trabajar la peluquería porque ya no tenía recursos económicos ni podía depender de la máquina de coser porque nadie se hacía confecciones.

HT: ¿Entonces la peluquería comenzó como un medio de subsistencia?

Alfredo Nuñez Elías: Sí, sí, como la sastrería, a pesar de que me gustaba y de hecho traté de incursionar con estos desfiles de modas, pero fue un medio de subsistencia que quedó truncado por el periodo especial.  Hay que recordar que empezaron a entrar las ropas recicladas y esto no le permitió a los sastres y las costureras seguir viviendo de la costura.

Entonces, una peluquera muy afamada, que siempre dio lo mejor de sí, Martica, me permitió trabajar con ella.   Fue muy lindo porque ella me preguntó qué sabía hacer, y yo le dije: “¿Qué quieres que te haga?.”  Y me permitió lavarle el cabello, secárselo, hacerle unas tenazas y conformarle un peinado.   Le gustó muchísimo y me dijo: “Bueno, mañana estás trabajando conmigo.”

HT: ¿Cómo te las arreglabas para trabajar la peluquería con una sola pierna?

Alfredo Nuñez Elías: Bueno, realmente hacen falta los dos puntos de apoyo, así es que yo colocaba el muñón sobre una de las muletas y con el apoyo de la otra pierna lograba mantener el equilibrio para manipular el cabello.  Creo que me ayudó que siempre he hecho ejercicios.

“Pero como te decía, Martica era una peluquera muy esforzada que a veces no daba abasto para atender a todas sus clientas.   Yo me decidí un día a preguntarle si ella me podía vender su fórmula para desrizar el cabello, que realmente era muy buena, y me dijo que no, que no era posible.   Entonces seguí insistiendo y le dije “bueno, tú crees que me puedas vender de ese producto.” Y me dijo que tampoco.

Alfredo poniendo su prótesis. Foto: Bernardo Acosta

Le dije que por lo menos me dejara ayudarla porque a veces ella estaba cansada y tenía que decirle a las clientas que fueran al día siguiente.   Y me dijo “yo me basto sola.”  Fíjate hasta dónde la capacidad de amar el trabajo que ni a mí ella me permitió usar su producto, a pesar de que conocía mis posibilidades como peluquero estilista, y ya yo juraba estar listo para hacer lo que ella hacía, pero no me lo permitió.

Entonces, bueno, yo siempre aclamo a Dios tanto en los momentos buenos como en los difíciles y le pedí que ablandara ese corazoncito de ella y me diera alguna posibilidad de llegar a hacer algo parecido a su fórmula para seguir defendiéndome, porque realmente esta vida es de defenderse constantemente a capa y espada por la subsistencia.   Entonces ella comenzó a preparar aquel producto delante de mí y yo a captar lo que ella hacía, hasta que ella determinó que ya yo sabía lo que pasaba allí y me dijo un día “Alfredo, terminaste de trabajar para mí.”

Pero yo le di gracias a Dios porque pude observar algo que después trascendió.   Aquí en casa me dije “Dios mío, he podido sobrevivir estos meses,” y tenía que volver a arañar para sobrevivir, y todavía no tenía mi prótesis.   Recuerda que en aquel evento del Pabellón Cuba yo salí a la pasarela con mis muletas y fue muy lindo porque las personas aplaudieron no solo mis diseños sino que este impedido físico saliera a la pasarela.   Cuando dejé de trabajar con Martica vine para mi casa y empecé a trabajar para intentar conseguir algo que se acercara a lo que yo había visto.   Empecé a comprar cosas rápidamente y a darles uso por medidas, y di con una fórmula estable que permite ablandar el cabello crespo rebelde, quitarle volumen al cabello ondeado y darle molde al cabello lacio.   Me di cuenta de que había logrado algo novedoso.

HT: ¿Tú tenías conocimientos químicos para hacer esto?

Alfredo Nuñez Elías: La química que se da en la escuela, nada más.  Yo todo lo he hecho empírico.   Tampoco estoy graduado de diseñador.   De lo que yo me gradué en el año 1976 fue de Técnico Medio en Mecánica Diésel Naval, en 1976.   Y eso me ayudó mucho después, porque allí teníamos que dibujar.

HT: ¿En qué se diferencia tu fórmula del desriz de potasa y los productos que se venden ahora mismo en la tienda para desrizar el cabello?

Alfredo Nuñez Elías: La diferencia es que mi producto respeta el 50% del cabello virgen.   Todos tenemos un cabello virgen que no ha sido teñido, ni tratado químicamente, o sea como el que tú tienes ahora.   Ese cabello, si tú decides ablandarlo, empiezas a agregarle química.  Pero si esta respeta ese 50 de cabello virgen, es óptimo; si transgrede esta virginidad lo que hace es dañarlo.   En noviembre del 96 yo logré definitivamente un producto estable, formulado, y ha llegado a ser una novedad.

Alfredo haciendo abdominales. Foto: Bernardo Acosta

Ya tenemos, gracias a Dios, patente de este producto y hoy estamos tratando de hacer que vaya a la industria.   Las cremas van desde las líneas A, para lacear, las líneas N para ondular y las líneas E, para moldear.   Además cada línea incluye diferentes posibilidades.  Por ejemplo, dentro de las líneas A, tenemos ocho productos para lacear de acuerdo al grosor del cabello, desde un cabello muy fino hasta uno más grueso.   O sea que hemos logrado estas estructuras y estas gamas de productos para que cada quién decida modificar su cabello en función de su belleza.

HT: ¿Alfredo, tú crees que la única alternativa  para el cabello de las personas negras es ablandarlo con productos químicos?

Alfredo Nuñez Elías: No, para nada.   El cabello rebelde e indomable de la piel negra es algo que se acepta por condición o se obvia por comodidad.  Entonces, si estamos convencidos de que la piel negra lleva un cabello rebelde e indomable, pues es lo que tendremos porque es lo que nos dio Dios, como le dio a la piel mestiza le dio un cabello muy frondoso y abundante, y a las pieles blancas y asiáticas, un cabello lacio.

De acuerdo al tipo de cabello, cada quién lo asumirá o lo modificará de acuerdo a las tecnologías que se impone.   Tú eliges.  Pero debe haber productos convincentes que se puedan utilizar hasta el punto de que tú te sientas cómoda, satisfecha, atractiva.   Tú aceptas o no.

En el caso de nosotros los de piel negra que llevamos un cabello rebelde e indomable, este puede ser domado con un producto que lo modifique y pueda convertirlo en ondulado, crespo o laceado.   Si está a tu gusto puedes continuar con ellos, claro que llevan sus rigores.  Pero esos rigores determinan belleza, atractivo, glamour, desde este punto de vista.  Porque también puedes ser atractiva con tu cabello crespo rebelde e indomable.  Está demostrado.   La belleza en esta condición uno mismo es quien la determina.

HT: ¿Entonces tienes algún producto para personas que llevan su cabello virgen sin desrizar con ningún tratamiento químico?

Alfredo Nuñez Elías: ¡Cómo no!  De hecho es necesario.  Nosotros los de cabello crespo rebelde necesitamos una grasa que lo mantenga nutrido, suave, y que mantenga su textura natural, pero a la vez sea más fácil peinarlo.   Se trata de agregarle elementos nutritivos, no químicos que cambien su textura y aquí creamos una grasa que puede emplearse en el cabello ciento por ciento virgen.

HT: ¿Qué piensas del hecho de desrizarles el cabello a las niñas?

Alfredo Nuñez Elías: Nosotros tenemos un producto para mayores y un producto para las niñas.  El producto no es agresivo, pero aún así tenemos uno que está en un rango inferior con respecto al de los adultos, e igual cumple su función de modificar el cabello.

HT: ¿Qué tienes tú en el pelo, ese es tu cabello virgen?

Alfredo Nuñez Elías: Este es un tratamiento para suavizar el cabello, es una crema de las líneas N.  Respeta la textura de mi pelo, le da una apariencia casi natural, pero la suaviza, y me permite aplicarle un producto para aclarar el cabello.

Mercedes Aguirre es una de las clientas más recientes de Alfredo aunque lo conoce hace muchos años, y me ha dado su opinión sobre el producto que él ha conseguido crear:

“Para mí fue muy duro al principio ver que le faltaba una pierna porque yo lo conocí con las dos y siempre me pareció que no se lo merecía.  No se lo demostraba cuando él iba a verme, pero después me quedaba llorando.

Alfredo haciendo ejercicios en su apartamento. Photo: Bernardo Acosta

“El estuvo mucho tiempo cayéndome atrás para que viniera a desrizarme con él, diciéndome lo bueno que era el producto, que hasta hacía crecer el pelo.   Yo le decía que pusiera los pies sobre la tierra, que dejara de soñar.  Pero en marzo decidí venir, y me dije: bueno, lo peor que puede pasar es que se me caiga el pelo como me ha ocurrido con otros productos que me han aplicado, y me arriesgué.

“Quedé muy complacida, de hecho, que haya venido por segunda vez es una muestra, y déjame decirte que de verdad el producto hace crecer el pelo.   Yo no lo quería creer porque a mí nunca me había crecido el pelo con nada, y yo soy como Santo Tomás, ver para creer.   Pero este producto sí te hace crecer el pelo”

Alfredo considera que ha logrado un producto exitoso gracias a que sus clientas son mujeres muy sofisticadas y exigentes.

HT: Alfredo, hace un rato vi que tú tienes dos prótesis.   ¿Son fáciles de conseguir?   ¿Cómo fue el proceso de adaptación?

Alfredo Nuñez Elías: No es tan fácil en las condiciones de impedido físico ir a hacerse la prótesis, tomarse las medidas.  Esas cosas requieren una cantidad de voluntad y esfuerzo desmedido, llega el momento que estás a punto de renunciar, y eso es terrible porque realmente los dos puntos de apoyo hacen falta para caminar.

Entonces, realmente tienes la posibilidad de ir a hacerte la prótesis, pero cuando no falta esta pieza, falta el tornillo.   Yo he tenido que buscar cosas que no ha habido en el lugar para poder hacerme la prótesis, por ejemplo yeso para hacer los moldes, pigmento.   Ha habido que esperar la posibilidad del número de pie, y esas cosas demoran, y empiezan a mermar sueños, ilusiones… yo soy una persona que necesito ser peluquero, sastre.

Una vez llegué al Frank País en bicicleta con una sola pierna para hacerme la prótesis, porque además el transporte era terrible.   Te estoy hablando del año 95 ó 96.   Yo luché por tener dos prótesis porque me di cuenta de que a veces quería cambiar de un calzado bajo a uno más bajo y entonces necesitaba que me le hicieran un ajuste a la prótesis y eso era muy complicado, por eso ahora tengo una para cada tipo de calzado.  Además la adaptación no fue fácil, el tiempo depende del grado de voluntad que tiene la persona.

Ya ves que yo siempre he hecho ejercicios y eso de cierta manera me ayudó, pero me tomó casi cinco años. Mi muñón es pequeño, además está lleno de várices por la condición de mi enfermedad. Al principio estuvo muy inflamado y hubo que esperar que esa inflamación bajara. Comencé la adaptación en 1994.  Era muy difícil y tuve momentos en que me desesperé y llegué a tirar la prótesis en el suelo porque pensaba que no iba a lograr adaptarme. De hecho cuando me conociste, en el 95, yo andaba con las muletas, sin prótesis. Para finales del 99 o principios del 2000 fue que pude por fin andar bien con ella.

HT: El otro día me contabas que también haces dulces, algo que aprendiste con tu madre de crianza…

Alfredo Nuñez Elías: Bueno, yo comencé a hacer pies después que terminé de trabajar con Martica, la peluquera.  Vine para acá para la casa y en verdad todavía no estaba preparado para ser peluquero y empecé a comprar harina, huevos, sabores, frutas.   Para poderme dedicar a la peluquería necesitaba una base económica que me permitiera comprar los productos y dedicarme a investigar.   Yo vendía mis porciones de pie a tres pesos, a la gente le gustaban mucho mis dulces, y con ese dinero reunía para comprar los productos que me hacían falta para investigar y lograr esta fórmula.

Alfredo en el rol de personas que limpian la escalera. Foto: Bernardo Acosta

A mí siempre me encantó hacer dulces; mi madre de crianza, Esther Díaz Jiménez, hacía muchos en la casa, y a mí siempre me gustó la idea de alguna vez poder hacer un cake o un pastel.   El año pasado obtuve un Certificado de Panadero Dulcero en el primer Festival Internacional de la Culinaria en Santiago de Cuba, gracias a mi profesor Santiago Gasquet, que ahora sale en programas televisivos.   A él le agradezco el haber tomado conciencia lo que es realmente hacer un cake, un pastel, un pan.  Cuando yo lo conocí le dije que quería ser uno de los mejores de su grupo y realmente me esforcé.

HT: ¿Pretendes retomar el diseño en algún momento?

Alfredo Nuñez Elías: Eso está latente diariamente en mi vida.  Yo necesito ser diseñador, volver a la máquina de coser, ver como mis diseños cobran vida en la pasarela con las modelos.   Yo estoy viendo que eso va a ser.   Mientras, estoy en estas labores de la peluquería, que realmente me va muy bien, y va servir para darle un poco a todo el que lo pueda necesitar.

HT: Durante nuestra conversación has mencionadoa Dios varias veces y cuando vine por primera vez vi que tienes en la puerta un mensaje evangélico.   ¿Practicas la religión evangélica?

Alfredo Nuñez Elías: Soy creyente de Jesucristo, de Dios, por sobre todas las cosas.  Creo que Dios determina una misión para todos los seres de este mundo.   En mi caso, para el bien de la humanidad.  Estoy muy agradecido de que Dios me haya permitido conocer a Cristo como el vehículo de estas posibilidades a las que he llegado hoy.

HT: Sabes que no me puedo ir sin saber cómo bajas y subes la bicicleta.   No me asombra tanto que la montes porque lo he visto, pero bajarla y subirla…

Alfredo Nuñez Elías: Pues por la escalera.  Yo recuerdo que cuando me amputaron la pierna me dijeron: “vas a ir a un mundo dónde todo va a ser diferente para ti, tienes que ganártelo.”  Yo estaba listo para el reto, y aprendí que para ganarme este mundo en el que estamos viviendo, solo hacía falta voluntad y fe.  La fe la gané en Jesucristo, y la voluntad es propia, es intrínseca.   Digo “Voy a hacer esto,” y ya lo estoy haciendo, así es posible bajar y subir la bicicleta.  Con fé y con voluntad.



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